- 4 de junio del 2026
La marcha de “Ni Una Menos” se hizo sentir en el centro de Concordia
Una columna de hasta tres cuadras de personas marchó alrededor de la plaza principal de la ciudad, pasó por Tribunales y terminó en el Palacio Municipal.
Como estaba previsto, la marcha por el 3J en Concordia comenzó con una concentración en pleno micro centro de la ciudad, más precisamente en la Plaza 25 de Mayo. Allí, se compartió la lectura de un documento a las personas que se congregaron. Además, se realizó un número artístico y después la marcha partió por el vértice de la esquina de calle Mitre, pasó por la Peatonal del Bicentenario en su intersección con calle Urquiza para dirigirse hacia el frente a la Catedral.
Luego, se tomó por calle 1° de Mayo, las personas participantes pasaron por delante de la Jefatura Departamental de Policía y después giraron por calle Mitre, para continuar hacia el frente del Palacio de Tribunales.
En los lugares donde la marcha se detuvo, fue frente a la Jefatura de Policía y frente a Tribunales. Después, siguieron por Mitre hasta calle Hipólito Irigoyen, nuevamente hacia 1° de Mayo y de ahí tomaron a contramano de lo que es el tránsito vehicular hacia la Plaza 25 de Mayo. Por último, la desconcentración se realizó frente a la Municipalidad.
La manifestación llegó a extenderse por tres cuadras, con la mayoría de mujeres, entre sus participantes. De todas maneras se pudo ver a varios hombres – de todas las edades – y algunos niños participando de la marcha.
El documento
A continuación, parte del documento leído en la plaza, antes de comenzar la marcha:
«Otra vez, acá. Ni una menos. Así cansadas, así consternadas, así hartas. Aquí estamos. Ni una menos. ¡Que arda! Contra la violencia machista planificada, que arrastra con la vida de las mujeres, niñas y adolescentes, el grito de hoy es que arda.
A 11 años los números son atroces. No es un caso aislado. No es un loco suelto, es un entramado de desigualdades y violencias que desprecia la vida de las mujeres. Apaña a los violentos. No es una tragedia, es un sistema. Entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo del 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género en Argentina, 3.144 femicidios, 46 travesticidio y transfemicidio y 15 instigaciones al suicidio. Hoy contamos con un femicidio cada 31 horas. El retiro de las políticas públicas de género impacta brutalmente entre nosotras. Agustina, Dulce y cada una de las compañeras por las que venimos gritando: Paren de matarnos, son casos que confirman nuestra lucha. El capitalismo mata. Neoliberalismo mata de forma cruel y cínica. El machismo apunta contra nosotras.
Una policía machista, una justicia cómplice y ciega que hicieron caso omiso al pedido de búsqueda de paradero a las pocas horas de desaparición mientras cuidaban varones en un partido de fútbol. Para el Estado nuestras vidas no valen, nuestras denuncias son falsas, el feminicidio no existe y los delitos contra nuestros cuerpos son delitos menores. El Estado retiró el Registro de Casos de Violencia, donde se constata la totalidad de casos por violencia de género. Los datos que tenemos desde los observatorios de organismos sociales dan una diferencia de más de 70 casos de femicidios en comparación a los números que arroja el gobierno.
La violencia desatada por el Estado la debemos denunciar todas, todes y todos. No vivimos en un Estado que garantice los derechos humanos y fundamentales de su población, al que podamos demandar el respeto a la dignidad humana. Vivimos en la más irracional dictadura del capital bajo el yugo del mercado agobiante e insensible enmarcado en el actual gobierno nacional.
El desfinanciamiento feroz por parte del gobierno de Javier Milei y sus aliados provinciales y municipales como Frigerio y Azcué han desmantelado programas, casas de refugio, sumando al plan económico empobrecedor con políticas que atentan contra la ley, contra protocolos de abuso sexual contra las infancias, contra la enseñanza a la educación sexual integral, la ESI; han borrado las políticas de género y diversidad, librando a la mano invisible del mercado la regulación de nuestras vidas, nuestros derechos y nuestras oportunidades.
La violencia es contra todes, adultes mayores, estudiantes, trabajadoras y trabajadores, educadoras y educadores. El Estado, como lo estamos viviendo hoy, rompe relaciones comunitarias, imposibilita proyectos de vida, rompe sueños y frente a ello gritamos: Nuestros cuerpos no son territorio de conquista, nuestros pueblos no son zonas de sacrificio, nuestras vidas no son daños colaterales, nuestros recursos no se extraen ni se explotan, nuestras jubilaciones no se regalan, nuestras ollas no se vacían, nuestros derechos no son privilegios, nuestra salud mental no se negocia.
Mientras la ultraderecha avanza en el mundo y en nuestra región promoviendo el odio y el disciplinamiento para que dejemos de ser sujetas políticas, nosotras nos plantamos. Recogemos la semilla que nos ha dejado hace 50 años nuestras madres y abuelas de Plaza de Mayo. Su lucha es nuestra brújula. Por eso, llamamos a la unidad de todas las compañeras, organizaciones sociales, feministas, sindicatos, partidos políticos y ámbitos comunitarios.
Es necesario volver a encontrarnos, construir comunidad, organizar la bronca para no renunciar a una vida digna. La ola verde del 2018 nos demostró que cuando tomamos las calles podemos cambiar la historia. Las conquistas que nacieron en las calles se defienden acá, con nuestros cuerpos, nuestras voces y nuestra organización. En las casas, el trabajo, las aulas, los barrios y cada ámbito de militancia.
Porque no nos doblegan, exigimos reconocimiento salarial de las trabajadoras sociocomunitarias que sostienen merenderos, comedores y tareas de cuidado de los barrios populares. No a la modificación de la Ley de Salud Mental. Justicia para Pamela, Andrea y Roxana y reparación para Sofía. Retiro del proyecto de Ley de Reforma Previsional. Justicia por María Leonor y Priscila, asesinadas este año en nuestra ciudad.
Vivas, libres y desendeudas nos queremos».
